
Al paso de una brisa empecinada,
la calle, lentamente se despeja
de reseca hojarasca, que en su queja,
va llenando de voces la alborada.
Y juega con mi mano, iluminada,
tu melena entre oros y bermeja,
mientras lenta, la luna, ya se aleja,
por el mágico hechizo encandilada.
Resistencias del ansia, que inmolada,
ya vencida y silente, va perpleja
por tu talle, tejiendo la madeja
de esta letra final de madrugada
y ese ensueño de amor, que se refleja
en el musgo otoñal de tu mirada...
© Edgardo Donato Díaz